A veces me gustaría volver al pasado, en especial, a la época de los 80’s, cuando las verdaderas películas de terror hacían estragos en la pantalla grande, sacando escenas sangrientas y mounstruos reales con efectos especiales que se podían palpar y no los de hoy llenos de manipulaciones digitales que disminuyen la calidad de la experiencia cinematográfica. Salvo contadas excepciones, pocas películas contemporáneas de horror han hecho un eco tan profundo como para convertirse en clásicos del cine de horror como lo hizo “The Evil Dead” (Subtitulada como “El despertar del diablo“).
La sinopsis decía algo como esto:
5 jóvenes llegan a una casa en la montaña y de una misteriosa grabación despiertan un mal diabólico de un tiempo lejano que se posesiona de sus cuerpos y los convierte en demonios hambrientos de sangre y horror. No contentos con eso, la única forma de detener a los poseídos es desmembrarlos.
El ambiente era tan oscuro y gore que las imágenes de la furia sangrienta en la pantalla quedaron impresas en las jóvenes mentes que crecieron con la cultura ochentera.
Es extraño que después de tanto éxito de las películas de terror de ese tipo se haya decidido cambiar de dirección y apostar más por películas de fantasmas o a lo mucho de asesinatos. ¿Quién jala los hilos de la industria cinematográfica? O mejor dicho ¿Quién jala los hilos de Hollywood? Que a final de cuentas es quien dicta lo que está de moda en el séptimo arte. Hoy en día es como si no tuvieramos ni voz ni voto en lo que se escucha o se ve en los medios, ya que la industrialización del arte nos ha robado aquello que debería otorgarnos: libertad. ¿Qué importaría que se vendiera menos mientras fuera más original y llegara a menos gente pero que lo amara de verdad?

Espectacular canción del canta autor mexicano: Chetes. Es una formidable actuación de parte de Gerardo Garza en Suave es la noche y qué mejor que darle difusión a esta extraordinaria nueva estrella que se dedica a hacer verdadera música al contrario que muchos de los cantantes salidos de la industria musical materialista a quienes sólo les interesa vender por vender para sacar una ganancia monetaria y que a final de cuentas poco aporta al verdadero sentimiento de la gente que oye la música y que es la víctima final de estas modernas y tristes circunstancias de la cultura occidental musical.